Más de una década después de las primeras alertas por contaminación minera en la localidad de Alto Mañihuales, vecinos continúan denunciando graves efectos ambientales y sanitarios derivados de la operación de la mina Minera Pacífico del Sur y del histórico proyecto El Toqui.
Pese a las sanciones cursadas por organismos fiscalizadores y a diversos informes públicos que desde 2015 detectan presencia de metales pesados en suelos, cursos de agua e incluso muestras humanas, las medidas concretas para contener la contaminación aún no se materializan.
La situación volvió a quedar en evidencia luego que la Corte de Apelaciones de Santiago confirmara una sanción impuesta por Sernageomin contra la empresa minera, obligándola a pagar más de 12 mil millones de pesos como garantía para ejecutar el plan de cierre de la faena, además de una multa cercana a los 400 millones por incumplimientos reiterados.
Uno de los puntos más críticos son los tranques de relaves. Un informe conocido en 2025 reveló que el tranque Confluencia almacenaba tres veces más residuos contaminantes que lo permitido y operó durante once años pese a contar con autorización para solo seis.
A esto se suma un reciente estudio del Centro de Investigación de Ecosistemas de la Patagonia (CIEP), que detectó niveles de arsénico superiores en más de 60 veces a la norma permitida para agua potable en el estero San Antonio de Alto Mañihuales.
Las consecuencias ya se reflejan en la vida cotidiana de los habitantes. Vecinos aseguran que durante 2024 se registró la muerte de ganado en sectores cercanos, mientras que análisis veterinarios apuntaron preliminarmente a posible contaminación por metales pesados.
Desde organizaciones locales acusan abandono institucional y falta de monitoreo permanente. “El escenario constatado en 2018 por la SMA no ha cambiado en nada y la empresa se ha negado a tomar acciones para cambiarlo”, señaló Erwin Sandoval, integrante de la agrupación CODESA.
En tanto, comunidades de la zona esperan que las resoluciones judiciales se traduzcan finalmente en acciones concretas para detener una contaminación que, aseguran, sigue avanzando silenciosamente en uno de los territorios más prístinos de la Patagonia.